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Importancia de la artesanía en el Valle del Alagón

Vídeo más que interesante el que os dejamos a continuación, que muestra claramente la importancia que la artesanía ha tenido en nuestra comarca, el Valle del Alagón, donde podréis ver a varios artesanos locales entre otros, haciendo lo que mejor saben hacer.


  • Los zapateros de Torrejoncillo: Alejandro Bravo, uno de los zapateros,nos muestra como se hace un zapato siguiendo una técnica que aprendió siendo niño.

  • Colleras y albardas: en Montehermoso, aún perviven diferentes oficios artesanales. Entre ellos, albarderos como Félix Garrido que confecciona aperos para las caballerías.

  • El mantero de Torrejoncillo: de la mano de Pedro Clemente, que es uno de los manteros que continúa la antigua usanza del tejedor de las mantas bajeras, nos adentramos en el mundo de los telares.

  • El pañuelo de Gajo: El siguiente video nos muestra el proceso paa la realización de un mantón llamado pañuelo de gajo. Esmeralda, Sagrario y Leandra nos muestran como se hacen este tipo de pañuelos.

  • Los tinajeros de Torrejoncillo: a través de la familia Moreno nos adentramos en la tradición alfarera, viendo como se realiza una tinaja. Esta es un tradición que se remonta a la época de los judíos.

  • La cerámica enchinada: tradicional del pueblo de ceclavín, donde cuentan con dos alfarerías, destacando la sencilla pero profusa decoración de sus piezas. El vivo contraste de las piedrecitas blancas con el color rojizo de la arcilla les da una exquisita.

  • Las Gorras de Montehermoso: En este pueblo del norte de la povincia de Cáceres, se ha conservado hasta nuestros días un tipo de gorra femenina que se ha convertido en símbolo de identidad de la villa. A través de Lucía Lorenzo vemos como es el proceso de la fabricación de esta singular pieza.

  • El orive de Torrejoncillo: en esta localidad del valle del Alagón, tuvo especial relevancia la economía, de ahí la importancia del oro. En este vídeo conocemos a César Moreno, que aún trabaja el oro siguiendo las pautas de sus antepasados

  • La Filigrana: en algunas localidades extremeñas el trabajo de la filigrana ha llegado a tener gran importancia para sus habitantes. Hoy, en la villa cacereña de Ceclavín, Domingo Rosado ha decidido recuperar esta artesanía tradicional a la que ya se dedicaron sus antepasados.

  • Las Veletas: en Riolobos, localidad del extremeño valle del río Alagón, la familia Fernández crea las figuras que coronan torres y techumbres. Leandro y Juan transforman en veleta cualquier dibujo que la mente les diseñe.

  • El hojalatero: en la localidad de Ceclavín, aún persisten artesanías tradicionales cuyos autores las heredaron generación trás generación. Uno de ellos es Juan Galán, que se ha dedicado desde su infancia al trabajo de la hojalata. Su actividad comprende la fabricación de todo tipo de objetos en los que interviene la hojalata como materia prima.

  • Los campanillos: el valle del Alagón es una comarca rica en cabañas y actividades ganaderas. En torno a estas se mantienen vivas artesanías que aportan los enseres y aperos necesarios. Es el caso de Montehermoso y la elaboración de los cencerros que en la zona reciben el nombre de campanillos.

  • La fundición de campanas: en la localidad de Montehermoso, bañada por las aguas del río Alagón, la familia Rivera mantiene vivo uno de los oficios artesanos más sonoros de la historia:el campanero. La fabricación de una campana es un proceso laborioso que requiere paciencia, delicadeza y conocimiento del oficio.

"Las Guatas" de Torrejoncillo

Las guatas se hacían de desperdicios de trapos, ropa vieja y algodón. El proceso de fabricación tenía varios pasos hasta llegar a adquirir su forma definitiva. Todos los pasos eran realizados manualmente a pesar de que un elemento fundamental, como eran las máquinas acompañaban el trabajo de las mujeres. Las guatas se utilizaban para hombreras, forros de abrigo, cazadoras...

Este tipo de actividad tenía dos focos en Torrejoncillo: Las guatas de la Cruz y las Guatas del Fomento.
El origen de las Guatas de la Cruz se data en el año 1934 aproximadamente y era propiedad de 3 socios y cuya sociedad se denominaba LLANOS-NÚÑEZ-MUELAS.

El proceso que se seguía era el siguiente:

- Los trapos y desperdicios se pasaban por una máquina trapera, que los deshacía, quedando deshilado y convirtiéndose en "borra". Estos trapos, normalmente eran comprados al ejército, a los sastres, modistas, fábricas de ropa...

- Posteriormente, la borra pasaba por la máquina llamada "diablo", la cual, esponjaba dicha borra y quedaba como algodón deshecho.

- Finalizado este paso, se entraba el algodón esponjado y desecho en las "cardas", juntándose y quedando como una manta de algodón.

- Efectuado el cardado, se pasaba a la "mesa de encolar". Sobre ella se ponía el rollo de algodón y se encolaba, proporcionándole el "apresto" de cola, para que no se separara. Después se tendían en unas cañas, o en tendederos de madera, para que se secase, dejando la parte encolada al aire. La cola utilizada para  este proceso de encolado, era cola en pastilla. Ésta era echada en una tinaja, y se removía, saliendo una espuma, la cual era la que se aplicaba a la pieza.

- Una ves que se secaba la cola, y la manta de guata estaba dura y tiesa, llegaba el momento de pasara la "mesa de cortar". En este último paso, se doblaba la manta en tres partes, y se cortaba siempre, más o menos, del mismo tamaño.

- Las guatas ya estaban listas para utilizar, pero ya cortadas, se enfardaban o empaquetaban para enviarlas a los distintos lugares, talleres de sastres, comercios... Los fardos eran vendidos a peso, y el fardo de 5 duros, era de unos 25 ó 30 kg. aproximadamente.

La producción que había, era, en un día 20 docenas, en una semana 120, en un mes 480, y al año 5760, todo ello en relación a una sola persona. Cuando la demanda era mayor, el trabajo era doble, dedicando incluso los domingos a esta labor. En los tiempos de máximo esplendor de la fábrica, llegaron a trabajar hasta 18 personas que se repartían entre las distintas secciones y pasos de fabricación.

La fábrica de guatas, fue cerrada en la primera década de los años 60, y su cierre, fue impulsado principalmente por la llegada de la espuma y otros elementos que se han introducido en la industria textil.

En el año 1937, cada una de las mujeres que trabajaban tenían un sueldo de 1 peseta, siendo el salario normal de un obrero 5 ptas. Cuando se cerraron las guatas, se ganaba 40 ptas. mientras que el salario base, era de 6 ptas más o menos.

Las guatas del Fomento, recuerdan los familiares de sus propietarios, que ya existían desde hace unos 160 años. Vendían los paños por la zona de Mérida y eran gente de bastante poder económico. Tenían guardas de seguridad para acompañar la mercancía, que a través de Mérida, era comercializada en toda Andalucía. Posteriormente, se montaría una nueva empresa con más máquinas y lo que el momento les permitía. De las guatas de la Cruz, se separó uno de los socios por ciertos motivos y se unió a las Guatas del Fomento, creando lo que es hoy, el Fomento. En un principio, se montó la fábrica de guatas con todas sus máquinas y sus respectivos empleados. Tuvieron tanto éxito, que más adelante montaron máquinas para hacer mantas y paños, en todo su proceso, excepto el paso de dar brillo, para lo cual, llevaban las piezas a Béjar. En el año 36, se dedicaron a hacer mantas para el ejército, a parte de vender sus productos por toda España. En el año 39, la producción fue empeorando y se dedicaron a hacer género para abrigos y trajes, siguiendo el mismo proceso de fabricación, llevándolos a Béjar a darles brillo, para volverlos a traer y distribuirlos a través de sus representantes en la zona Centro, Madrid y al sur, en Sevilla. Estos representantes, se encargaban de vender a los sastres y a las tiendas. Para acelerar el proceso, construyeron un horno potente, a base de tuberías y demás instalaciones, para secar los paños y el género, ganando tiempo.

Fue por culpa de este horno, instalado por una compañía alemana, por lo que en 1947/48, hubo un gran incendio que destruyó toda la fábrica, y por más prisa que se dieron para sofocarlo, no lograron salvar nada, excepto las máquinas que estaba en el sótano. Se recuerda que el farmacéutico que había en Torrejoncillo, y otro señor, compraron estas máquinas y se las llevaron fuera, a otro pueblo, para montarlas y seguir la producción. De esto, no se sabe más.
En estas guatas, trabajaban siempre unas 20 ó 25 personas.

Hay que hacer una llamada de atención a lo que han constituido las guatas como elemento característico en la industria torrejoncillana. Actualmente, asistimos a la evolución en cuanto al tratamiento y reciclaje de papel, vidrio, plástico...

La nota característica de las guatas era la utilización de ropas viejas y trapos de desecho para su fabricación. Es pues, un hecho claramente palpable, que Torrejoncillo, y las guatas, han sido unos adelantados a su tiempo, y es obvio y comprensible el motivo que nos induce a expresar esta aseveración. Estos pioneros del reciclaje, iniciaron una actividad que ha movido los hilos de su pueblo, en el que la industria y artesanía, han estado entrelazados y sincronizados con una población que bien podemos decir constituía el progreso en sí misma.

Texto recopilado de la Revista "El telar 1994"

"El candil del ala" de Torrejoncillo

La hojalatería tradicional en Torrejoncillo alcanzó gran pujanza hasta mediados de los años 50 del siglo pasado, en los que el cambio de la actividad económica empezó a dejarse sentir en la producción manufacturera artesanal, hasta alcanzar el presente en que la actividad ya ha cesado definitivamente.

Torrejoncillo llegó a alcanzar la cifra de 17 talleres hojalateros, que asistían a los mercados de las poblaciones más cercanas con diversos productos.

Artesanos que fueron mantenedores de los usos y formas decorativas que dieron lugar a la particular técnica artesana de la hojalatería torrejoncillana.

Esta técnica es fruto de las sucesivas generaciones de artesanos que manufacturaban los diferentes artículos de hojalatería: faroles, aceiteras, cántaras, cantarillos, candiles, carburos, lámparas de petróleo.

De todos estos objetos los más destacados y los que más llaman la atención son los candiles, que por sus formas decorativas se convierten en piezas únicas en nuestra artesanía: “el candil del ala de Torrejoncillo”.

Estos candiles formaban parte del ajuar de la novia, aportación al matrimonio que se hacía juntamente con una candilera, especie de vasar con una barra horizontal salediza en la parte alta, donde cuelgan los candiles durante el día; en el centro del lado superior se alza un penacho floreado y una hoja lobulada a cada lado con un orificio por donde se fija a la pared. En su confección se utilizaban idénticas labores de artesanía y los mismos medios que para la confección de los candiles; aunque la ornamentación que presenta está más recargada y es más vistosa. Solían confeccionarse principalmente dos modelos: la candilera mayor que mide unos 35 cms. de ancho por 41 cms. de alto y 10 cms. de vasar; el otro modelo tenía la mitad de ancho y en lo demás era de forma similar.

Había tres conjuntos que respondían a las tres categorías sociales: si la novia procedía de una familia acomodada, llevaba al casarse una candilera mayor con tres candiles de ala, si la familia era de clase media, la misma candilera pero con un solo candil de ala y dos candiles pequeños, y las personas más humildes se conformaban con una candilera pequeña y dos candiles sencillos.

La riqueza de los motivos decorativos de la hojalatería torrejoncillana, con su máximo exponente en el candil del ala, tiene un origen incierto. Cuenta la tradición oral de la localidad, que estas técnicas decorativas son traídas por indianos, tanto de la propia localidad como de Ceclavín, uno de los núcleos históricos artesanales más destacados del norte de Extremadura y que ha contado hasta su extinción con maestros hojalateros de primer rango.

Algunos estudios encuentran cierta similitud entre el candil del ala y los motivos ornamentales de la civilización Inca. Si equiparamos la forma de las pantallas, que presentan un corte o perfil nada fácil, como para pensar que ha surgido de forma espontánea, y un busto tocado en casco Inca, comprobaremos que guardan un sorprendente parecido, curiosamente entre las castañetas y las plumas del casco, los colgantes y los pendientes, y los tres sectores de ambas figuras: entre el casco, el rostro y los hombros del Inca, y el semicírculo, el espacio intermedio y el terminal de la pantalla.

También hallamos semejanza con los ídolos y representaciones de los dioses de esta civilización precolombina, como con el mitológico Naylamo de la cultura Chimú representado en un tumí ceremonial;  siendo en esta representación el chucu lujoso, la misma labor de punteado, los colgantes y las dos alas de pájaro adosadas al cuerpo, la similitud que guarda con el candil del ala.

Tampoco hay que olvidar, si intentamos acercarnos a Torrejoncillo, la secuencia histórica que los mismos transmiten. La profusión de elementos decorativos vegetales (flores y hojas) y (rosáceas y puntos o botones) mantienen los modelos que remontan a las culturas indoeuropeas prerromanas, así es sabido que en esta zona se asientan pueblos de etnia celta como los vetones que introducen sus esquemas decorativas, los cuales han mantenido hasta la actualidad, encontrando reflejo en las técnicas decorativas artesanas.

Esta modalidad artesana, que atesora tan extensa riqueza en nuestro patrimonio cultural, se ha perdido. La desaparición hace varias décadas del último taller artesano hojalatero en Torrejoncillo creó un profundo hueco en una de nuestras principales señas de identidad.

Aunque, gracias al trabajo encomiable de D. Juan Díaz Méndez, artesano hojalatero afincado en Coria, pero natural de Torrejoncillo, se ha recuperado esta técnica. Sus diestras manos han devuelto a la luz las diferentes manufacturas que daban sentido a la hojalatería torrejoncillana. Hijo de D. Domingo Díaz, uno de los maestros hojalateros más afamados de la localidad, Juan Díaz trabaja con esmero y maestra sabiduría el rico repertorio de productos que transforman las láminas de hojalatas en piezas exclusivas. Todo un gusto para los sentidos que nos devuelven al arte de lo cotidiano de nuestros ancestros, a lo que no gusta llamar el Arte Sano.

Proceso de elaboración del "candil del ala"

Para su realización se utilizaba chapas de hierro estañadas (hojalata) que tiene un espesor comprendido entre 0.37 mm. Éstas eran importadas desde el País Vasco. Estas planchas ferrosas estaban recubiertas por ambas caras con una ligera capa de estaño para protegerlas de la oxidación.

En primer lugar se recortan con unas tijeras las cazoletas, siguiendo una plantilla que tiene forma de escuadra; seguidamente se marcan unos filetes (bordones) en tres filas paralelas, con refuerzo y ornato, solo en la pieza que hará de cazoleta exterior. Antiguamente esta labor, se realizaba sobre las ranuras de la bigornia bordoneadota con la piqueta, martillo de ligeramente curvado. La bigornia o cruceta se halla colocada en una burra. Nombre que se da a esta especie de taburete pro la manera de sentarse del artesano para trabajar, a modo de cabalgadura. Modernamente se hacen con una máquina de bordonear con rodillos.

También en las aristas superiores de ambas escuadras, para dar mayor solidez a los depósitos se practica un repulgo (rebordeado sencillo); antaño se hacia sobre el hierro para doblar, colapé (cola de de pez) y se remataba el doblado sobre la superficie plana de la bigornia con el auxilio de un mazo de madera, ahora este trabajo se suple con la máquina de rebordear.

Por último, una vez que se sacan con los alicates las piqueras de los ángulos de las escuadras, y después de curvar los lados sobre el cuerno cónico de la bigornia, se sueldan los extremos. Finalizada esta tarea, se recortan los hondones y se sueldan, formando así los dos recipientes.

Después de esto se va completando el candil, añadiendo los diferentes componentes: los postes , recortes de sección rectangular; en el más corto se ha efectuado por el medio una fisura estrecha desde abajo hasta algo más de la mitad; en el más largo, hacia el primer tercio, coincidiendo con el tope de la raja indicada, se suelda la romana, pieza pequeña en la que se ha hecho por un lado un repulgo y por el otro se ha recortado, formando varios triángulos contiguos, a modo de dientes de sierra; sirve de percha a la candileja, para que se pueda ir inclinando, y así aprovechar mejor el aceite que empapa la «torcía». Para mayor consistencia se rebordean los lados laterales de los postes.

Para realizar las pantallas se pliega un trozo de chapa, y aún sin recortar para evitar que se mueva y conseguir un calco perfecto, lo que supones que una quedará más marcada que la otra, mediante un punzón perfectamente afiliado se señala el dibujo de la plantilla.

Sobre este espacio se procede a realizar las diversas técnicas artesanales: labor de punteado “picao”, que se consigue dando golpes con el martillo en un punzón; con los punteros de estampar se va moldeando la hojalata, apareciendo en relieve flores, hojas, lágrimas… según el motivo grabado en el puntero; con la uña pequeña, la media y la grandes se trazan curvas, ondas, ondulaciones… como las castañetas formadas alrededor de las pantallas del modelo mayor; con los cinceles o cortafríos se marcan las líneas rectas, curvas, quebradas…; con los sacabocados se varios tamaños (compuestos por un punzón redondo y una matriz en huevo) se moldea la lata para obtener círculos abultados, llamados chochos (nombre vulgar que se da a los altramuces), también se utiliza el martillo de combar, de ahuevar, como punzón sobre el puntero hondonado. Estas labores se han obtenido trabajando encima de una superficie lisa de plomo; cuando se deformaba, después de mucho remachar, se volvía a fundir para hacer desaparecer las hendiduras dejadas.

Una vez recortadas y separadas ambas pantallas, se sueldan por el reverso a la parte superior de los Postes que se habían curvado previamente. Con un alambre y con la ayuda de unos alicates se prepara la enlazadera y el garabato. Por último se prepara una circunferencia con unas canaletas alrededor de todo el perímetro o estrías radiales en el modelo grande, hecho con la colapez, que sirve de tapadera a la candileja y se une al poste mediante un gozne.

También se prepara el atizador o despabiladera, especie de aguja plana de lata, que cuelga de la pantalla inferior de unos eslabones del mismo material. En los candiles antiguos se colocaba sólo uno, pero desde hace tiempo llevan dos, uno a cada lado, y en el modelo de mayor tamaño penden de la pantalla más alta.

Con esto se completa el candil de hojalata de Torrejoncillo, donde se ha venido trabajando desde siempre dos modelos. El más ornamentado, llamado “candil de ala” por las especies de las alas, moldeadas al igual que las pantallas, que se han soldado al poste más alto por su parte inferior; también lleva algunos adornos sobre el lateral de la cazoleta externa, y en conjunto es de tamaño algo mayor que el otro modelo, sin embargo, los dos son semejantes. El otro es más sencillo, de pantallas redondas con una única flor en el centro.

Eva Mª Quijada González
José Ignacio Albalá

(Texto recopilado de la revista "Cuadernos del Artesano" de la Asociación Extremeña para la Promoción de la Artesanía)

ARTESANIA PERDIDA

Oficios que antaño eran productivos en Torrejoncillo han desaparecido, pero por ello no olvidados.

GUATAS

Las Guatas, se hacían de desperdicios de trapos, ropa vieja y algodón, y el proceso de fabricación, tenía varios pasos hasta adquirir su forma definitiva. Todos estos pasos eran realizados manualmente, a pesar de que un elemento fundamental, eran las maquinas que acompañaban al trabajote la mujeres. Las guatas se utilizaban para hombreras, forros de abrigo y cazadoras etc.

Todos los pasos e historia de las guatas lo podéis encontrar en la revista El Telar de 1994.

HOJALATERIA


Hay una evidente analogía entre los candiles de Torrejoncillo y los motivos ornamentales de la civilización precolombina incaica.

El inicio de la actividad hojalatera, hay que situarlo hace unos 160 años.

Y toda su historia de andadura por Torrejoncillo podréis encontrarla en la revista El Telar de 1994.

Pero lo que actualmente resiste al paso del tiempo y aun hemos podido mantener, lo podéis ver en esta sección de Artesanía.

VINELUDAPEJUMI

PAÑUELO DEL GAJO


El “Pañuelo del Gajo”, es una de las creaciones más típicas y artesanales de Torrejoncillo. Su laborioso procedimiento de bordado, es una difícil tarea en la que la ingente cantidad de lentejuelas, canutillos y demás, se engarzan de tal manera que el resultado es una magnifica obra de arte. Las bordadoras de estos pañuelos, cuidan con esmero la colocación de las labores, para que el detalle y los remates, sean perfectos.

El contemplar los pañuelos del gajo cada ver que una torrejoncillana lo luce, es valorar igualmente este laborioso trabajo, y es rara la persona forastera que no cae en las redes de su encanto personal, sintiendo el curioso deseo de saber de que forma se realiza los bordados. El llamativo relucir de sus lentejuelas, los resultados adornos, son los componentes que transmiten a la gente el colorido y la belleza de esta variedad artesanal torrejoncillana.

Pero para la mayoría de la gente, tanto torrejoncillanos, como forasteros, el origen del pañuelo del gajo se nos muestra confuso, ya que a todos nos parece que el pañuelo del gajo se ha bordado siempre.

El primer pañuelo del gajo que se bordo, tuvo a varias personas como protagonistas de su creación. A petición de Míguela Martín y Felipe Sánchez, se realizo unos dibujos que sirvieran de referencia a la anterior para realizar los bordados. Esto sucedía hace unos 102 años al día de este escrito aproximadamente, y estamos seguros de que jamás hubieran pensado que su efecto e incidencia sobre la población torrejoncillana, e incluso sobre su historia, iba a causar su novedosa creación. Su composición era la misma que ahora, en cuanto a los bordados. Los primeros pañuelos, no llevaban ni mariposas ni pájaros, que fueron introducidos posteriormente por Francisca Martín. El pañuelo del gajo, debe su nombre a los gajos de uva que contemplan la maravillosa obra de arte, junto con las hojas y demás bordados.

Pero la explicación más razonable que s e encuentra en la creación de los pañuelos del gajo, puede estar en lo pañuelos de “Merino”. Estos eran de las telas de Merino, que eran los pañuelos estampados con un clavel y tres hojas y cuyo origen desconocemos. Lo que si sabemos, es que hace mas de 100 años, estos pañuelos eran de un consumo común para las mujeres de familias pudientes de Torrejoncillo, ya que su precio era de 15 pesetas, cuando los sueldos no eran ni de una peseta.

Por ello, es posible que la creación del pañuelo del gajo, fuera una iniciativa personal por hacer una composición que se asemejase a los de merino, ya que se encuentra una cierta similitud entre las hojas de pañuelo de merino con las de pañuelo del gajo. Es destacable pues, que si, fue un intento de realizar una copia, inexacta, de los pañuelos de merino, se supero holgadamente el original, ya que la valoración del pañuelo hecho artesanalmente, mas artístico, es digno de elogio.

Es la gamo de colores originario, tanto del pañuelo de merino como la del gajo, encontramos que el mas utilizado es el morado, y después el negro. Entonces el azul no se utilizaba. Las variedades que mas se llevaban, era el pañuelo morado con las sayas verdes; pañuelo negro con las sayas amarillas, y una tercera, el pañuelo de mantón de Manila con las sayas rojas. La incorporación del color azul es bastante posterior y se remonta a fechas mas recientes.

Pero encontramos una diferencia entre el pañuelo del gajo original y el contemporáneo, y es que anteriormente solo se utilizaban abalorios plateados, ya que no había otros. En la actualidad se utilizan tanto plateados como dorados, además de las mariposas, uvas y pájaros, que contemplan el recargado, colorido y artesano pañuelo del gajo. Respecto a la forma de bordar, ha sido siempre la misma. Primero, el dibujo efectuado en papel de seda, en su posterior fijación sobre la tela del pañuelo; seguidamente, las puntadas sobre el cordón blanco que remarca y resalta los dibujos sobre el oscuro fondo de la tela; por la parte de dejado, el forro se encarga de recibir las puntadas y evitar que la tela se abra, pues el numero de puntadas que se aplican con los bordados, es incalculable. Una vez fijado el cordón, se comienza la trabajosa tarea de colocación de abalorios, canutillos y lentejuela. Ya finalizado este proceso, se añaden las uvas. Todo el trabajo se realiza en tambores de madera, que giran sus patas para facilitar la postura que adopta la bordadora para ejecutar sus artesanales puntadas en la tela del pañuelo. Es muy importante, y hay que recalcarlo muy bien, que el dibujo, una vez colocado sobre la tela, tiene que estar bien centrado, pues hay pañuelos que a pesar de tener un magnifico bordado, pierden toda su expresión al observar que el centrado del dibujo no coincide con las puntas del pañuelo, causando así un efecto óptico muy desfavorable para la persona que lo luce, y restándole merito a la bordadora.

En cuanto al coste del pañuelo del gajo, creemos que era exactamente igual a los de merino, por el hecho de que solo lo poseían personas con la capacidad económica suficiente como para pagar esta artesanal obra.

La utilización del pañuelo del gajo, se reducía a los carnavales, poniéndose además la mantilla. Una vez iniciada la tradición de la ofrenda de flores a la Virgen Inmaculada, se ha generalizado mucho más la utilización del pañuelo del gajo, hasta el punto de que es raro la casa en Torrejoncillo en el que no hay uno. Asimismo, la adquisición de estos pañuelos es más asequible a toda la gente, puesto que el precio se ha ido moderando bastante, comparándolo a su precio original, y en la relación salario-precio que impedía a la mayor parte de la gente el poseer tan magnifica labor.

En cuanto a las bordadoras del pañuelo del gajo, hay que destacar a las que antiguamente lo hacían, como Francisca Martín, Miguela Martín, etc.. y a las que en la actualidad lo hacen, Paula Martín, Gonzalo Clemente, Leandro Vidal, Sagrario Alviz, Ana Setién.


VINELUDAPEJUMI

TELARES PAÑOS Y MANTAS


El citar una fecha concreta que se identifique como propietaria del día en que se comenzaron a crujir los telares de Torrejoncillo, seria apresurarse a calificar este trabajo de menos longevo de lo que realmente puede ser. El hablar o escribir de los telares, lleva consigo el hablar o escribir de la historia de Torrejoncillo, ya que ineludiblemente, ambas cuestiones van unidas. El resumir los 242 años de los que hay una constancia certera y documentada del trabajo de los telares, que no sabemos a que fecha o época se remonta esta labor en Torrejoncillo, es una difícil cuestión que se nos plantea, y que es imposible detallar en tampoco espacio, aunque si entraremos en esta historia repleta de avatares, lo haremos de forma superflua, pero será de gran interés leer este documento que José Serradilla Núñez, Torrejoncillano, Letrado de la Diputación Provincial de Huelva, Ex - Magistrado, remitió a esta asociación para que lo editáramos en la revista El Telar, igualmente la Asociación Cultural hace extensiva una recomendación: En Noviembre de 1991, esta asociación publico una revista referente a “Conferencias Torrejoncillanas”, así como un suplemento que recogía la investigación de Juan García Pérez, Profesor Titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, Facultad de Filosofía y Letras, y cuyo titulo era “Del trabajo del Telar a la Emigración a las Américas, Crisis-Quiebra de la fabrica de paños en una población, Torrejoncillo, de la Alta Extremadura”. Hasta el día de hoy, este es, sin duda alguna, el mejor documento editado que recoja tan explícitamente la historia de los telares Torrejoncillanos, su auge y su declive.

Una de las cuestiones que antes de entrar en los distintos casos particulares hay que aclarar, es la diferencia entre el Telar de paños y el Telar de mantas. Ambos llevan el mismo mecanismo, pero el telar de paño es doble de ancho que el de mantas. En el de paño trabajan dos personas, el maestro y el “ayua”, mientras que en el de las mantas trabaja solamente una persona. El telar de paños tiene dos pedales o “exprimieras”, y el telar de mantas tiene cuatro.

Igualmente hay diferencia entre los paños y las mantas, ya que los paños eran tejidos en liso y mas ralos, mientras que las mantas tienen infinidad de labores.

PAÑOS

En el trabajo del telar de paños, y como ya hemos reseñado anteriormente, intervienen dos personas, el maestro y el “ayua”, situados uno a cada lado del telar. El maestro tenia la misión de pisar para abrir la urdimbre y darle a la campana para apretar el tejido, y cogía la lanzadera con la derecha, que la lanzaba hacia la otra parte donde la recogía el “ayua” con la izquierda y la devolvería al maestro, al mismo tiempo este se encargaba de la canilla y otra lanzadera para cuando se terminase la canilla con la que se estaba tejiendo, lanzarla sin detención. Los paños se tejían muy ralos, y la urdimbre y la trama eran de lana. Para que quedasen fuertes y apretados, había que abatanarlos, cuya labor se hacia en los batanes. Consistía en echar agua caliente sobre el paño, y al mismo tiempo golpearlas con unos mazos hasta que quedaba hecho un cuerpo. El Tejido de los paños se hacia siempre en liso, no llevaba labores y eran utilizados para la ropa de vestir.

Dentro de o que es la fabricación de paños, intervenían varias maquinas o herramientas, como paso previo a la confección de los mismos en el telar, estas eran:


Batual: para romper el vellón de la lana.

Diablo: descomponía la lana que había entrado en el batual.

Carda: hacia que saliera la lana como un rollo de algodón.

Carda Mechera: la carda se metía en ella y salían las mechas, se enrollaban en un palo y se subían arriba a un telar que era el que tensaba la madeja y salía hecho el hilo.

Carruchera: mujeres que cogían esas bobinas y las iban devanando, luego eran llevadas a las aspas, que las hacían madejas.


Dentro del juego de colores utilizados para los paños, estaba el blanco, negro y marrón. La mayoría de la gente que iba al rió a lavar las lanas, ya que como se decía, “cada casa tiene su pequeño telar”.

También era en el rió donde se teñían las lanas, aunque había mucha gente que las teñía en sus propias casas. Antiguamente se teñían con motores manuales de carbón, y posteriormente, con la llegada de la luz eléctrica, con motores eléctricos. Había también un batan para abatanar los paños.

Una vez lavados los vellones de lana, o la lana en si, las mujeres se sentaban en la “zamorana”, que era una especie de mesa con una criba cuya utilidad era limpiar las impurezas de la lana.

Enfrente de lo que hoy en día es el Bar “Las Hiedras”, había un huerto caracterizado por los escalones del terreno. Pero además, se daba la curiosidad de que el sol pegaba durante todo el día en esa zona, por lo que los pañeros torrejoncillanos lo utilizaban para secar los paños en los tendederos naturales del terreno, los escalones que allí existían y existen.

El oficio era transmitido desde la infancia, y el material fabricado quedaba en Torrejoncillo o se llevaba fuera. Los paños fabricados aquí se llevaban a Bejar para refinarlos.

La decadencia de los paños en Torrejoncillo, vino a consecuencia de la llegada del telar mecánico, que los industriales de aquí no quisieron introducir, por lo que poco a poco tuvieron que ir dejando de fabricar, debido, como es de suponer, a la poco rentabilidad y a la competencia tan terrible de los mecánicos.

Hubo sin embargo una oportunidad de recuperar la industria del textil en Torrejoncillo, y esto fue como consecuencia de la guerra civil, ya que las fabricas de tejido en España, se encontraban en la zona roja, como Barcelona, Valencia etc. Y he aquí que vino gente del Gobierno de Franco y propusieron a los dueños de telares y fabricas de hilar que se empezase a trabajar, con lo que había, de momento, para hacer ropa para el ejercito, y que mas tarde traerían maquinaria de Alemania, pero los principales se negaron, alegando diversos motivos, como que si perdían estos la guerra, los otros tomarían repesarías, etc. (Esto ultimo ha sido recopilado por Pedro Clemente , ya que su padre fue uno de los llamados al ayuntamiento, como todos los trabajadores del ramo, para hacerles la proposición descrita).Los trabajadores, estaban dispuestos, pero los propietarios de las fabricas no, que no se quisieron disponer a dar este paso, que hubiera favorecido, sin duda, la prosperidad de los paños torrejoncillanos.

Lo que debería seguir a continuación, es el documento referido a don José Serradilla Núñez, que nos introduce mas profundamente en los paños de Torrejoncillo, pero dando lo extenso del documento, si estas interesado, os emplazamos a las paginas 40, 41, 42, 43,44,45,46,47,48 y 49 de la revista El Telar de 1994, que podrás encontrar en una de las secciones de este blog, y que creemos que debes leer, pues historia pura y dura de nuestra localidad.


MANTAS

En el telar de mantas, trabajaba un solo tejedor, la urdimbre que se utiliza habitualmente es de algodón crudo, y la trama puede ser de cualquier cosa, desde tiras de trapo hasta el estambre más fino, pasando por toda clase de fibras. El telar de mantas tiene cuatro pedales o “exprimieras”, con las cuales se hacen infinidad de labores y tipos de tejidos. De cordoncillo, de labor, espiguilla, la de venera o de dos corros, tejidos de la rosa grande, rosa pequeña, ladrillos de lazo, el “enjardinado”, (este tejido se hacia con seis perchadas, y por supuesto con seis exprimieras).

Las prendas que se fabrican, son de una gran variedad, y las mas tradicionales, son las siguientes: mantas, alforjas, colchas, alfombras, tapijos, bolsos, mantas de caballo, sobrenjalmas, etc..

Hemos de reseñar, para aquellos desconocidos del tema, que la diferencia de las prendas resultantes de los telares de mantas, no necesitan ningún proceso posterior como sucedía en los paños. Por ello no necesitan ser abatanados, ni ser trasportados para darles brillo, etc. Todo lo fabricado con los telares de mantas, pueden utilizarse una vez terminados.


Para poder tejer las mantas que un mantero hace, se requiere una experiencia proporcionada por los años de oficio, en lo que se aprende ha hacer un tejido uniforme, una orilla bien rematada y al mismo tiempo, combinar los colores y todo tipo de labores. Es, como vemos, un trabajo caracterizado por el dominio de la técnica, y de la destreza individual.

Al igual que sucede con otros oficios, en la mayoría de los casos, este oficio se sucede de padres a hijos, y tiene una connotación familiar.

En la actualidad, dedicarse a pleno rendimiento en esta variante artesana conocidísima en nuestra localidad, no la hay, pero no hemos perdido aun esta estirpe, y aun, y por afición, y por que no decir por algún que otro encargo, resisten al olvido de nuestro pasado:

PEDRO Y LALO CLEMENTE
ALEJANDRO LOPEZ

Texto recopilado de la revista El Telar de 1994.

Foto MALM realizadas en la feria del caballo a productos y maquinaria de Pedro Clemente.

VINELUDAPEJUMI

ORFEBRERIA

Esta variedad artesanal, es, por los elementos que completan su composición, uno de los que más vistoso resultado tienen. Es una expresión que se define entre lo artístico y lo imaginativo, y la creación de nuevas piezas, es siempre un difícil reto para el orfebre, que gustoso de su trabajo, da rienda suelta a su imaginación y a su habilidad.

Aunque la definición de orfebre no es tan usual en Torrejoncillo como lo es en otros pueblos, si es su denominación correcta, puesto que el trabajo del orfebre abarca el oro y la plata. Comúnmente en Torrejoncillo se llamo “orivi” u orive, que es una forma anticuada de orivice, que a su vez lo es de orifice.

Al igual que cada uno de los distintos tipos que estamos viendo de artesanía, es también la orfebrería un negocio familiar. Pero el rasgo que distingue a esta de los demás, es que su origen tiene unos antecedentes concretos. La orfebrería, se remonta a la época de los celtas, sobre los siglos VI y V a.c., y su desarrollo se ha ido conjugando con el transcurrir del tiempo, de tal manera que siempre se mantuvo a un alto nivel con respecto a la aparición de nuevos movimientos artísticos o culturales. Pero la llegada del Gótico y del Renacimiento, llevaron a la orfebrería a un periodo de letargo, del que no se recuperaría hasta el siglo XVII. Los moros y los judíos fueron los principales precursores de la transmisión de las técnicas, iniciándose una nueva etapa en la historia de la orfebrería. Las zonas en la que mayor auge tenia este arte, era la zona de Oporto, la de Salamanca y por su cercanía, en algunos puntos de Extremadura, se dejo sentir su influencia, como Zarza, Ceclavin y Torrejoncillo, en las cuales este oficio gozaba de una situación floreciente.

En la historia peculiar que nos incumbe, la de Torrejoncillo, la orfebrería ha conocido periodos de intensa actividad y periodos menos activos. En una aproximación de lo que puede ser los inicios de la tradición, tenemos un punto de referencia que nos ubica en el año 1794. Desde entonces y hasta hoy, se han conocido tiempos de máximo esplendor, llegándose a contabilizar hasta 8 talleres de orives.
Hoy en día, la orfebrería es una actividad que solamente desarrollan 44 orives. Sin duda alguna, es necesario comprender el significado de orfebrería, ya que nos sería imposible concebir el traje típico de Torrejoncillo sin los aderezos que acompañan al pañuelo del gajo y demás complementos.

En la actualidad los orives que sobreviven a nuestros mejores tiempos de orfebrería son:


JOYERIA ANTANGE Y BARI
ORFEBRERIA MARCE
CESAR MORENO CLEMETE
JOSE FRANCISCO LOPEZ HERNANDEZ


Texto recopilado de la revista El Telar de 1994.


VINELUDAPEJIMI

INDUSTRIA DEL ZAPATO

La mayor parte de la industria zapatera de Torrejoncillo, tiene una procedencia familiar, y no nos ha sido posible concretar el establecimiento de los primeros talleres de calzado en el pueblo. La aproximación más cercana nos sitúa a mediados del siglo pasado, y tiene su fundamento en el arraigo de 5 generaciones de una misma familia que aun trabaja el producto.

La industria del calzado ha tenido una gran importancia en el ámbito local, y a lo largo de su historia, se han sucedido distintas situaciones, siendo de gran interés la que discurre en los años cuarenta de este siglo, y en la cual, la zapatería alcanzaba su apogeo.

Los talleres de Torrejoncillo se destacaban por la variedad de tipos de calzado que se fabricaban, pero los más comunes eran los siguientes:

-Borceguí (Borceguin): Constaba de tres piezas de piel bobina, era la bota más común y llegaba hasta el tobillo, cerrando al lado exterior del pie, con tres hebillas.
-También se hacia la Bota Rusa, la de fuelle o elástico. Todas ellas, parecidas, variando únicamente la forma de cierre.
-Sandalias.
Los materiales que principalmente se usaban eran principalmente piel bobina y la vaquetilla, que es la piel de los terneros jóvenes.

Se utilizaba también la badana, que es la piel de las cabras, esta piel se utilizaba para los cuellos y las faldas de las botas. Las plantas de estas eran de cuero prensado, colocando dos o tres tapas para formar la suela. Con el avance de la industria, y al aumentar el número de vehículos se empezó a utilizar las cubiertas de las ruedas de los camiones debido a su gran resistencia.

Todo el material que se utilizaba para realizar el trabajo, era suministrado por fábricas de curtidos de pieles de la zona, o incluso de una fábrica de curtidos de pieles que existió en Torrejoncillo, propiedad de uno de los industriales mas importantes del pueblo.


La organización de los talleres era la siguiente:

-Cortadores: normalmente eran los propietarios de los talleres, y su labor consistía en el corte de las piezas para la composición. En los talleres más fuertes económicamente, este tamaño también lo desempeñaban obreros con este único empleo.
-Aparadoras: este nombre viene del trabajo de aparar, que consistía de unir las piezas cosiéndolas unas con otras, quedando formada la parte superior del calzado. Normalmente lo realizaban mujeres.
-Oficiales: eran los encargados de ahormar el calzado, colocándolo en la horma, posteriormente colocaban la planta y la suela, finalizando la pieza.
-También existía la figura del aprendiz, que realizaba los trabajos menos importantes, como los recortes etc.

La venta del material correspondía al propietario, que acudía a las ferias de la provincia con una carga de calzado y normalmente no volvía hasta que vendía la mayor parte de la misma. Las ventas fuera de la provincia se hacían y se hacen a través de representantes en las principales ciudades.

Pero en la historia del calzado Torrejoncillano, han influido ciertos acontecimientos ocurridos tanto en España como en el extranjero. En la década de los años 30, la industria del calzado empezó a tener gran importancia en la localidad, ya que fue aumentando la cantidad de talleres y de empleados. Al llegar la Guerra Civil Española, muchos de estos empleados fueron llamados para combatir, con lo cual, el numero de trabajadores se vio reducido de forma importante. A causa de esto, algunos talleres se vieron obligados a buscar mano de obra en las localidades cercanas. Otra de las razones que indujeron a los fabricantes esa mano de obra, fue que el estado les obligo a trabajar para el ejercito. Este trabajo lo realizaron todos los talleres existentes, y el propio estado se encargaba de suministra el material, que llegaba a Torrejoncillo y se repartía equitativamente entre todos ellos. Al terminar la guerra civil esta industria sufrió una crisis, causada por la falta de recursos económicos y por el mal estado del país. En esta crisis se acumulo gran material en los almacenes de los talleres a causa del falta de venta. Por este motivo, en esta época se vendía el calzado muy barato, e incluso llegaron a perder dinero. Algunos de los trabajadores de estos talleres, en el tiempo de la siega se iban a dar días, ya que se ganaba en un día de siega mas dinero que en el taller.


Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, los talleres de Torrejoncillo, al igual que otras regiones, firmaron un contrato con el estado italiano para el suministro del calzado durante la guerra, por el cual se les entrego una señal. Pero con el avance de la misma, se invadió Sicilia, y en este momento, el agregado comercial de la embajada italiana se retracto del contrato, perdiendo la señal que se le había dado a los talleres. Con esta operación, los talleres ganaron algo de dinero, ya que dicha señal no les fue reclamada, y se quedaron con el. Además pudieron volver a vender el mismo material.

A partir de entonces, empezó la mejor época de esta industria, en la década de los 40, Torrejoncillo contaba con unos 15 talleres de calzado en los cuales se empleaba a 500 personas aproximadamente. El capital obtenido de estos buenos años, lo invirtieron los fabricantes en la compra de fincas y otras propiedades, en lugar de invertirlo en sus talleres, los cuales estaban necesitados de mecanización e innovación de nuevos elementos. Al no poder competir con otros puntos de fabricación, el trabajo fue disminuyendo, ya que la mano de obra se encareció.

En la segunda mitad de la década de los 50, comenzó la emigración al no existir suficiente trabajo. Hasta comienzos de los años 60 no se instalaron las primeras maquinas. Estas eran las de aparar y montar el calzado.

Actualmente solamente existe un taller de calzado en Torrejoncillo.

CALZADOS ROSBRAV

Texto recopilado de la revista El Telar de 1994.

VINELUDAPEJUMI

ARTESANIA DEL BARRO

La alfarería y la ollería, han sido uno de los principales iconos artesanales que se han expresado en Torrejoncillo, y su tradición desarrollo y actualidad, han sido bien distintos en el transcurso del tiempo. Así nos encontramos que desde 1944 y 1946, se contabilizaron hasta veintiún trabajadores del gremio (18 olleros y 3 alfareros) censados en torrejoncillo. Pero una vez iniciado el periodo de inmigración, el número anterior se vio reducido drásticamente ya que la mayoría de ellos se marcharon principalmente al extranjero como consecuencia de la masiva emigración que sufrió España en los años posteriores a la guerra civil.

Se tiene constancia de que en 1944 existían siete hornos en funcionamiento, cuatro donde se cocían tinajas, y los tres restantes, eran destinados a la cocción de piezas vidriadas, o como más comúnmente se conocen, piezas “alvedrias”. Hoy en día solo existen tres, en los cuales se cuecen principalmente tinajas. En la actualidad Torrejoncillo es uno de los escasos puntos de fabricación y venta de tinajas y es también al mismo tiempo, uno de los pueblos y centros alfareros más destacados de la provincia de Cáceres.


Fotografia de Tinajas Hnos Moreno León (Foto de Torrejoncillotodonoticias)

La tradición se presenta como una transmisión de padres ha hijos, de generación en generación, y en la historia torrejoncillana, hay familias de hasta cinco generaciones conocidas de olleros y cuatro de alfareros, de las cuales algunas se remontan a la época de los judíos.

OLLERIA

El pronunciarse en una definición exacta de lo que es la ollería, y de lo que es un ollero, no puede nunca describirse correctamente, puesto que con esta expresión, se identifica la actividad de un trabajador que hace tinajas. Pues casi en todas las familias que se dedican al gremio realizan todo tipo de piezas que no son exclusivas de la ollería, sino que son de la alfarería. La actividad de los olleros se caracteriza por su efecto manual, es decir, se prescinde del torno excepto para hacer las bases o soportes necesarios para la fabricación de las piezas referentes a su trabajo, principalmente tinajas y cantaros. La arcilla utilizada por los olleros es siempre limpiada durante el proceso de extracción. A las piezas que suele hacer el ollero se le suele proporcionar una capa de “pez” en su interior, según la utilización a la que se le vaya a dar de utilidad. Es de destacar el laborioso proceso de construcción de una tinaja, puesto que el ollero se sirve de sus manos para hacerla por adicción continua de tiras de barro, que son posteriormente golpeadas con una paleta para dar consistencia a la pieza, de esta forma la pieza va subiendo, y una vez terminada, se hacen los complementos, la tornera y la boca, el borde es alisado con una alpeñata (tira de cuero) que se giran con movimientos rápidos alrededor del objeto. Algunos marcan con una caña, simbolizando la Estrella de David y otros con las iniciales de sus apellidos, posteriormente se realiza el proceso de cocción.

Fotografia Tinajas Moreno Blanco (Foto de Torrejoncillotodonoticias)

ALFARERIA

Al contrario de lo que ocurría con la definición de ollero y de ollería, el expresar un significado de lo que es la alfarería o el alfarero, es bastante más fácil. La nota que principalmente fundamenta al alfarero, es la aplicación de “albedrío” a sus piezas para que estas obtengan un vidriado al alcanzar cierta temperatura en el momento de su cocción. Así mismo, la arcilla utilizada por los alfareros, antes de su utilización ha sufrido un proceso de refinado, puesto que las piezas que hacen los alfareros, necesitan una arcilla más fina. Pero hay otra característica que concreta el trabajo del alfarero, y es el torno, ya que en el realiza todas sus piezas. Para el vidriado se utiliza el “albedrío” (oxido de plomo), el “bañau” (caolin), y feldespato.

Fotografia Tinajas Moreno Arias (Carta de Productos)

Las piezas que realiza el alfarero, se obtiene a través del modelado con sus manos de las “pellas”, que eran las porciones de arcilla que ponen sobre el torno, y cuya cantidad y volumen depende del tamaño de la pieza a elaborar. Las herramientas que utiliza el alfarero son solamente tres, la alpeñata, un trozo de media caña y un hilo para cortar las piezas del torno.

En la actualidad solo quedan en Torrejoncillo tres negocios relacionados con la Ollería y Alfarería:


Tinajas Hermanos Moreno León
Tinajas Moreno Arias
Tinajas Moreno Blanco


Texto recopilado de revistas El Telar

VINELUDAPEJUMI