"San Crispín", patrón de los zapateros

De la palabra griega krhpiV (crepís), que significa zapato, calzado, se forma el sobrenombre Crepín, que significa zapatero, y que luego, al no tener suficiente acomodo en la lengua española (aunque sí en la francesa, de la que es originario), se asimila al más parecido, que es Crispín, derivado del latín crispinus o crispus, que significa "de cabello rizado, ensortijado" y que nos dará el apellido "Crespo". Por esos caminos laberínticos vino San Crispín a ser elegido por los zapateros como su santo patrono.

Es curiosa y divertida, la leyenda de los hermanos San Crepín y San Crepiniano, llamados también San Crispín y San Crispiniano. Eran  pues, dos nobles romanos que fueron enviados a evangelizar las Galias, por lo que son considerados los apóstoles del Norte de Francia. Para no ser onerosos a sus fieles, se mantenían ejerciendo el oficio de zapateros, de ahí su patronazgo sobre ese gremio. En la persecución de Diocleciano, después de atroces tormentos que soportaron estoicamente, fueron decapitados. Esto ocurría en el año 285, en Soissons. Sus cabezas se veneran en Roma, en la iglesia de San Lorenzo, mientras sus cuerpos quedaron en Soissons. Son muy venerados en Francia.
Después de esta explicación y a lo que a Torrejoncillo, nuestro pueblo, se refiere, San Crispín era y es, el “Patrón de los Zapateros”. Su festividad tenía lugar el 25 de Octubre. Era festejado por un importante gremio artesanal hasta bien avanzada la década de los sesenta, dado que gozábamos de un gran potencial zapatero.

Este gremio  llegó a estar compuesto por más de cuatrocientos hombres y unas doscientas mujeres, distribuidos en unas veinticinco fábricas, y organizados, antes de la Guerra Civil, en una Sociedad de Zapateros, con sede en la Casa del Pueblo. En fechas posteriores sufrió modificaciones y el número de asociados fue decayendo hasta finalmente, desaparecer.

La fiesta consistía en una Misa, en honor del santo, seguida de una procesión, convite y para finalizar, baile. Había  algunos patrones zapateros que invitaban a sus empleados a una suculenta comida campestre.

Algunos años, había Mayordomos, que corrían con todos los gastos de la fiesta. Los años que no había Mayordomía, los gastos corrían por cuenta de todos los empresarios de fábricas de zapatos.

Con la crisis de esta industria, los zapateros fueron disminuyendo hasta casi desaparecer en Torrejoncillo. La emigración de 1955 a 1960 era inevitable, y también la desaparición de una fiesta que había quedado sin protagonistas.
Actualmente está fiesta ya no se celebra puesto que apenas contamos con una familia zapatera que sigue contra viento y marea, realizando zapatos como antaño y siendo protagonistas de un legado tan importante como fue la fabricación de zapatos en Torrejoncillo.